Gato de monte

Gato de monte

Nombre científico: 

Leopardus tigrinus

Autoridad taxonómica: 

Phylum: 

Clase: 

Orden: 

Familia: 

Género: 

Categoría: 

Criterio: 

A2cd

Nombres comunes: 

gato de monte, tigrito, gato tigre, gato cervantes, oncilla, little spotted cat.

Sinónimos: 

Felis tigrina

Descripción 

Es el más pequeño de los felinos neotropicales, con un tamaño corporal similar al de un gato doméstico. Puede llegar a medir entre 40 y 65 cm desde la cabeza hasta la base de la cola, y pesar entre 1,5 y 3 kg. Su cola es relativamente larga (25-33 cm) y representa hasta un 40% del largo total de su cuerpo (Mondolfi 1986, Nowell y Jackson 1996, Linares 1998). Su pelaje suave y denso, de coloración blanca en el vientre y parda amarillenta en dorso y cabeza, presenta manchas irregulares o en forma de rosetas en su totalidad negras. Al igual que en los otros felinos manchados, el patrón que le rige es único para cada individuo. Son frecuentes los ejemplares melánicos, sobre todo al norte del Orinoco (Mondolfi 1986, Nowell y Jackson 1996, Linares 1998). Como en el tigrito (L. wiedii), la longitud de su cola es mayor a la de su extremidad posterior, sin embargo se diferencia de éste y del cunaguaro (L. pardalis), por su tamaño, sus ojos grandes en proporción a la dimensión de la cabeza y porque el pelaje del cuello está dispuesto hacia atrás. Es un carnívoro solitario, territorial y muy tímido, con hábitos nocturnos y crepusculares. Se alimenta de pequeños vertebrados, con énfasis en mamíferos, aves y reptiles, a los que caza al acecho en el suelo y en árboles (Mondolfi 1986, Eisenberg 1989, Emmons 1990, Linares 1998). La especie era conocida como Felis tigrina. Se reconocen cuatro subespecies, de las cuales dos se encuentran en Venezuela: L. tigrinus tigrinus y L. tigrinus pardinoides (Linares 1998, Wozencraft 2005).

Distribución 

A nivel mundial su distribución es irregular y discontinua; abarca áreas de Centro y Suramérica, sin que se evidencie conexión alguna entre ellas. En el continente centroamericano se encuentra en las zonas elevadas de Costa Rica y Panamá. En el sur americano se ha registrado en un trecho que cubre de Colombia a la parte norte de Argentina, en un intervalo altitudinal que va desde el nivel del mar hasta los 3626 m de elevación. No se ha reportado en Chile ni en Uruguay, y su estatus en Paraguay es desconocido (Bisbal 1989, Bisbal 1992, Pacheco et al. 2001, Oliveira 2004, González-Maya y Schipper 2008, Clavijo y Ramírez 2009). En Venezuela, Leopardus tigrinus tiene una distribución disjunta; se identifican tres subpoblaciones: una conformada por L. tigrinus tigrinus, que ocupa un área amplia al sur del Orinoco y del Sistema Deltaico, y dos de L. tigrinus pardinoides al norte del Orinoco, que corresponden a una subpoblación ubicada en la región de los Andes y sierra de Perijá, y otra en la porción central de la Cordillera de la Costa (Ojasti y Brull 1981b, Mondolfi 1986, Bisbal 1989, Linares 1998). Este felino se encuentra asociado con áreas boscosas, principalmente bosques nublados y lluviosos de tierras altas, sin embargo, también se ha registrado en bosques deciduos y semiáridos. Es poco tolerante a las perturbaciones, por lo que rara vez ha sido observado en bosques intervenidos o plantaciones (Mondolfi 1976, Ojasti y Brull 1981b, Mondolfi 1986, Bisbal 1989, Bisbal 1992, Ochoa et al. 2005).

Situación 

Leopardus tigrinus es de baja abundancia y poco conocida, por lo que su situación a nivel global resulta incierta (Nowell y Jackson 1996, de Oliveira et al. 2008, González-Maya y Schipper 2008). Al estar fuertemente asociada a los ecosistemas boscosos y ser poco tolerante a la presencia humana, la presión sobre la especie es fuerte y constante en toda su área de distribución (Bisbal 1987b, de Oliveira et al. 2008, González-Maya y Schipper 2008, Clavijo y Ramírez 2009). En Venezuela, el 54% del territorio está cubierto por áreas boscosas, muchas de las cuales han sido clasificadas como amenazadas por efecto de las actividades humanas (Oliveira-Miranda et al. 2010). Aunque se desconoce el impacto que esto pudiera estar ocasionado sobre las poblaciones del gato de monte, se puede suponer que la mayoría se encuentra en franca reducción y aislamiento, por lo que se infiere una disminución actual de su distribución. La situación de L. tigrinus pardinoides resulta alarmante, ya que al norte del río Orinoco, principalmente en la sierra de Perijá y en la Cordillera de la Costa, la mayoría de los ecosistemas boscosos están desapareciendo por las actividades urbanas, agrícolas e industriales que allí se desarrollan (Oliveira-Miranda et al. 2010). Al sur del Orinoco, la disponibilidad de grandes áreas boscosas, así como la menor presión antrópica que allí existe, pudieran indicar una situación más favorable para la conservación de las poblaciones de L. tigrinus tigrinus, al menos a corto plazo. Registros de la especie en áreas protegidas, como los parques nacionales Henri Pittier, Waraira Repano (El Ávila) y Guatopo (Mondolfi 1986, Isasi-Catalá 2012), pudieran indicar que éstas son áreas clave para la conservación del gato manchado. Al igual que para otros felinos, no se cuenta con suficiente información sobre la estructura genética de la especie, por lo que se desconoce el efecto que las extinciones locales pudieran generar sobre su variabilidad genética (Eizirik et al. 1998, Johnson et al. 1999, Aguilera et al. 2010). La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la considera Casi Amenazada (de Oliveira et al. 2008). En Argentina se le reporta En Peligro, en Perú califica como Datos Insuficientes, mientras que en Ecuador y Colombia se considera Vulnerable (Pulido 1991, Bertonatti y González 1993, Rodríguez-Mahecha et al. 2006, Tirira 2011).

Amenazas 

Al igual que las otras especies de gatos manchados, la cacería comercial de Leopardus tigrinus fue bastante común hasta fines de la década de 1980. El comercio de su piel se intensificó luego de controlarse la del cunaguaro, registrándose un aproximado de 112.500 pieles exportadas desde Brasil y Paraguay entre 1971 y 1988 (Bisbal 1987b, Nowell y Jackson 1996, Rodríguez-Mahecha et al. 2006, de Oliveira et al. 2008, Clavijo y Ramírez 2009). En Venezuela el impacto de la cacería comercial sobre las poblaciones de gato de monte no ha sido evaluado, sobre todo porque no se tiene un registro confiable del número de pieles exportadas, ya que la mayoría fue etiquetada como cunaguaro (Bisbal 1987b, Bisbal 1992). En la actualidad su cacería está controlada, aunque aún es perseguido ilegalmente con fines comerciales, dado el valor de su piel, como mascota o por los presuntos usos medicinales de sus huesos y grasa (Bisbal 1987b, Nowell y Jackson 1996, Rodríguez-Mahecha et al. 2006). Sin embargo, para este habitante de ecosistemas boscosos poco perturbados, la principal amenaza que enfrenta es la pérdida y fragmentación de su hábitat (Bisbal 1987b, Nowell y Jackson 1996, Rodríguez-Mahecha et al. 2006, de Oliveira et al. 2008, Clavijo y Ramírez 2009). En nuestro país se ha estimado una transformación de un 22% de la cobertura vegetal, principalmente en los ecosistemas boscosos del norte del Orinoco, por presiones antrópicas (Oliveira-Miranda et al. 2010), por lo que gran parte de los hábitats en el área de distribución de la especie se encuentran degradados. Dada la distribución disjunta del gato de monte, los procesos de pérdida y fragmentación de los ecosistemas boscosos pudieran acelerar el aislamiento de las poblaciones, con énfasis en las de L. tigrinus pardinoides, aumentando su vulnerabilidad a desaparecer por factores ambientales, demográficos y genéticos (Nowell y Jackson 1996, Eizirik et al. 1998). La pérdida de hábitat y la cacería podrían disminuir la disponibilidad de sus presas naturales, afectando el estado de la especie e incrementando la probabilidad de depredación de animales domésticos y, en consecuencia, su cacería por conflicto (Nowell y Jackson 1996, de Oliveira et al. 2008).

Conservación 

Su comercio internacional está regulado, ya que está incluida en el Apéndice I de la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres (Cites 2014). En Venezuela su cacería se encuentra prohibida de forma indefinida pues Leopardus tigrinus fue declarada en veda, así como Especie en Peligro de Extinción (Venezuela 1996a, Venezuela 1996b). Sin embargo, es necesario garantizar el cumplimiento de la veda de caza de este felino y sus presas naturales, en particular en algunas áreas protegidas, donde aún se practica la cacería ilegal. En vista de que se considera como uno de los felinos menos conocidos, resulta necesario promover el estudio de su distribución, estado poblacional, variabilidad genética (tanto cromosómica como de ADN) y amenazas en toda su área de distribución, para poder diseñar planes de manejo efectivos dirigidos a su conservación; éste es uno de los objetivos principales del plan de acción del Grupo de Especialistas de Felinos de la UICN (Nowell y Jackson 1996, Eizirik et al. 1998, Johnson et al. 1999, de Oliveira et al. 2008, González-Maya y Schipper 2008, Aguilera et al. 2010). Estos estudios deben enfocarse con rigor en las subpoblaciones de L. tigrinus pardinoides, las cuales son más vulnerables a desaparecer a corto plazo. La evaluación de las áreas protegidas, como principal estrategia de conservación in situ, resulta fundamental, determinando su capacidad para el mantenimiento de poblaciones mínimas viables, así como su posible interconexión, para la conformación de una red de protección orientada a la especie. La cría en cautiverio del felino pudiera servir para reforzar y restaurar poblaciones naturales, pero su factibilidad tiene que evaluarse. Es necesario desarrollar programas de educación ambiental para reforzar su valor ecológico y cultural, de modo de mejorar la percepción humana que existe sobre Leopardus tigrinus y reducir su cacería (Núñez 1992).

Ilustrador: 

Autores: 

Emiliana Isasi-Catalá, Fracisco Bisbal, Ernesto O. Boede y Tatiana Caldera

Cita sugerida: 

Isasi-Catalá, E., Bisbal, F., Boede, E. O. y Caldera, T. (2015). Gato de monte, Leopardus tigrinus. En: J.P. Rodríguez, A. García-Rawlins y F. Rojas-Suárez (eds.) Libro Rojo de la Fauna Venezolana. Cuarta edición. Provita y Fundación Empresas Polar, Caracas, Venezuela. Recuperado de: animalesamenazados.provita.org.ve/content/gato-de-monte Lun, 22/05/2017 - 17:11

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Ilustrador: 

  • Michel Lecoeur